13 de febrero de 2014

Guía de crianza para niños bilingües

Generalmente, para que se desarrolle a nivel nativo una lengua, se cree conveniente que desde el nacimiento, durante al menos el 20% del tiempo el niño reciba estímulos en esa lengua. Estos estímulos serán más efectivos cuanto más personales y participativos.
Los idiomas se aprenden a base de diálogo, de prueba y error y de corrección. El estímulo es mas efectivo cuando el diálogo trae una compensación directa. Es decir, es más efectivo que nuestro hijo lo tenga que usar para negociar acostarse más tarde o leer un cuento (por ejemplo), que viendo la tele o estudiarlo en el colegio, donde el profesor se tiene que repartir con otros alumnos.

Modelos más comunes de familia políglota:

Ambos padres hablan un idioma distinto al del país de acogida. 
Si el niño está integrado en la lengua de la comunidad, para exponerlo a la minoritaria lo mejor es que en casa le hablemos sólo en nuestro idioma nativo.

Cada padre habla un idioma, uno de ellos el del lugar de residencia. 
Desde el principio, cada padre debemos intentar hablar al niño en nuestra lengua. Un padre sólo que hable un idioma es suficiente para desarrollar un buen nivel de comprensión y prepara el cerebro para sonidos que no podría asimilar tan bien más adelante. Pero para que lo utilice, es necesario estímulos adicionales. Es frecuente que los padres nos sintamos frustrados cuando después del esfuerzo realizado el niño no conteste en nuestro idioma - algo que ocurre en el 80% de los casos-. Pero, aunque no responda, le damos una oportunidad insustituible, porque el cerebro tiene una plasticidad que luego se pierde. Ese esfuerzo será útil cuando reciba un empujón que le haga utilizar el potencial acumulado, por ejemplo, cuando vaya al país de origen de la lengua minoritaria, tenga contacto con otros hablantes y vea que el idioma le es útil y necesario. Otras formas de reforzar son conectarse con familiares por Skype o formar un grupo de juego con otros niños que lo hablen. Se trata de que los refuerzos sean lo más naturales posible.

Cada padre habla un idioma, ambos distintos al del lugar en el que viven. 
Creciendo bilingües en Club Soletes.
Como en el caso anterior, cada padre debemos intentar hablar con el niño en nuestro idioma. No debemos preocuparnos por el idioma de la comunidad, ya que va a estar tan expuesto a él que lo aprenderá sin problema. También, como en el caso anterior, cada padre debemos procurar que el estímulo en nuestra lengua sea suficiente y gratificante.

En los dos últimos casos, surge además la duda de en qué idioma debemos hablar los padres entre nosotros. Se recomienda seguir utilizando la lengua que empleábamos antes, porque es la más útil para comunicarnos y suele ir acompañada de connotaciones emocionales.

Cuando el niño no quiere hablar un idioma

Para estimular al niño a que hable una lengua, es bueno ponerlo en situaciones en las que no tenga más remedio que utilizarla, como viajar al país de origen. Si además ve que le hace sentirse espacial, aún mejor. Por ejemplo, la lengua minoritaria puede ser un código secreto ("dímelo en español y así nadie más se entera"), o una forma de obtener afecto ("me encanta que me hables en español"). Pero no debemos presionar o corregir constantemente, pues desanima.

La confusión de idiomas y cómo corregir errores

Hasta los cuatro años es normal que los niños mezclen lenguas. Más adelante lo pueden hacer, pero con una utilidad: es lo que se llama "cambio de código", porque cada palabra en un idioma designa algo que es culturalmente distinto. No hace falta que corrijamos al niño en ninguno de estos casos.

A veces, nuestro hijo puede aplicar estructuras gramaticales de un idioma en el otro. En estos casos se recomienda corregir ofreciendo un modelo. Por ejemplo, si dice "soy malito", en vez de señalar el error, podemos contestar usando la misma estructura corregida: "Pobrecito mi niño, que está malito",

¿Cómo y cuándo empezar la alfabetización?

Si los dos idiomas comparten el mismo alfabeto, como el español y el inglés generalmente los niños pueden extrapolar las reglas de un idioma a otro. Es normal al empezar a leer en el colegio el niño aplique las mismas reglas a una lengua y, de repente, se de cuenta de que sabe también leer en el otro idioma. Para ello es importante que el niño sea expuesto a la lengua escrita, por ejemplo, leyéndole en ese idioma para que identifique las combinaciones de letras que se pronuncian distinto.En este sentido, leer el mismo libro en ambos idiomas puede sernos útil.

Si los idiomas no comparten el mismo alfabeto, como el inglés y el griego, la lengua minoritaria es independiente de la escolarización. Hay que fomentar desde pequeños con mucha exposición a los sonidos desde el principio, y utilizando pasatiempos o juegos en los que tenga que usarla.

Diferencias en el cerebro bilingüe

La evaluación de las habilidades de niños bilingües es un tema complejo. La definición de "bilingüe" no siempre es clara y resulta muy difícil distinguir lo que son consecuencias de aprender dos lenguas simultáneamente de otros factores sociales, educacionales o ambientales. Este es un resumen de lo que se cree actualmente.

Algunos expertos han detectado diferencias estructurales entre el cerebro expuesto a un idioma y el expuesto a más.

Se cree que los bilingües de nacimiento activan la misma zona del cerebro al hablar en cada uno de los idiomas, mientras que los que han aprendido tardíamente activan zonas distintas. Osea, que los nacidos en el bilingüismo no traducen. Como consecuencia, algunas personas bilingües tienen una capacidad básica para aprender a leer y escribir marginalmente más alta que la media de los monolingües.

También se han visto casos de mayor facilidad para aprender otras lenguas, mayor capacidad para encontrar distintas soluciones al mismo problema o atención selectiva más alta. Algunos bilingües también pueden mostrar una capacidad multitarea algo superior a la media.

Por otro lado, los niños bilingües suelen tardar algo poco más en hablar. Se ha observado además que los niños bilingües tienden a tener un vocabulario más limitado en las lenguas de sus progenitores.